Noelia: A nuestro ritmo

Me ha sorprendido y mucho la propuesta de escribir a cerca de la crianza de mis peques. No sé si habrá mucho que contar, sin embargo me he puesto manos a la obra casi al instante. La verdad es que desde el primer test positivo han ido surgiendo un remolino de inquietudes que casi por arte de magia se han ido resolviendo. La vida nos ha ido poniendo al alcance las herramientas necesarias en cada momento. Desde el primer minuto y de forma instintiva nuestras prioridades se transformaron en otras. A cada paso algo nos impidió conformarnos con lo que oíamos alrededor. 

"Será mejor que lo pongas en la cuna, que como se te acostumbre al colo...". "Pero si acaba de mamar, es imposible que tenga hambre, eso es que no le llega"  Pues como no lo despiertes ahora, de noche veremos a ver", "pues lo va a pasar mal cuando nazca el hermanito", etc, etc. Y luego llegaron las preguntas que ya daban por hecho que eras conocedor de la doctrina a seguir: ya lo pasasteis a su habitación? Ya le añadiste el pescado al puré? Y ya empezó en la guardería? Ya lo pones a caminar de la manita para que vaya cogiendo fuerza? Y se cela? Pero si algo me removió las entrañas desde el primer instante eso sin duda ha sido el "tienen que acostumbrarse". Pues no señor: en mi casa no son los niños los que tienen que acostumbrarse al rítmo de los adultos, sino los adultos los que se adaptan a las necesidades de los niños. El día que el test de mi primer embarazo dio positivo supe que ese era el primer día del resto de mi vida, aunque no podía imaginar aún la revolución personal que surgiría desde el momento en que vi su carita por primera vez. "Cómo cambia la vida, eh? Si es que dan mucho trabajo, pero también muchas alegrías" Trabajo? Yo trabajo le llamo a todo lo que tengo que hacer que no sea estar con ellos. Y sí, claro que cambia, pero para bien, ya casi ni me acuerdo de lo que hacía antes con mi tiempo, pero lo mejor del asunto es que ni siquiera lo hecho de menos. Y luego lo de que "tienen que llorar un poco, que así se les expanden los pulmones". A nosotros se nos paralizan todas las neuronas del cerebro cuando nuestros hijos lloran, no lo podemos evitar. A estas alturas de la película resulta complicado hablar de mí sin hablar de nosotros. Nosotros somos cuatro, nos hemos ido organizando sobre la marcha. No nos funcionan los horarios estrictos para comer, ni dormir, ni mamar, ni bañarnos.  Los peques se despiertan a la hora que abren los ojos, comen cuando tienen hambre, duermen cuando tienen sueño y papá y mamá nos multiplicamos cada día para que esto sea así. A veces el baño es por la mañana, a veces por la noche. Vamos a nuestro ritmo, aunque no siempre nos hemos sentido comprendidos en este aspecto. Si les hubiéramos dado biberones de leche en polvo, papillas de cereales o de lo que sea, los hubiéramos mandado a la guardería un porrón de horas al día y a casa de los abuelos cuando nuestros turnos no coincidieran con los horarios de la guardería a nadie le habría extrañado. Si hubiéramos seguido con nuestras vidas anteriores como si nada, a nadie le habría extrañado. Sí les extraña que pongamos pegas a ir a comer o cenar fuera para que los peques duerman la siesta cuando sientan sueño, sí les extraña que no duerman en su sillita como otros niños, les extraña que sigan tomando teta más allá de la baja maternal, que duerman con nosotros y no tengamos intención en absoluto de que eso cambie, que vayan colgados de nosotros como los monos, que no hayan comido un puré en su vida, que no se hayan separado nunca de papá y mamá a la vez (removimos cielo y tierra para coordinar nuestros horarios laborales). "Es q no teneis cerca a los abuelos para que os echen una mano?" Por supuesto q sí, sin embargo no lo hemos necesitado. Vienen a visitarnos o vamos nosotros a verlos a ellos cuando nuestro ritmo lo permite, y disfrutamos con ellos lo que podemos. Que tenemos a los niños en una vitrina? Para nada, pero las actividades que hacemos son pensadas para ellos, no para complacer a los adultos que hay alrededor luciéndolos como trofeos. Salimos y mucho: a jugar a la calle si el tiempo lo permite; si hay teatro, conciertos, cuentacuentos, títeres o hinchables y nos da tiempo a llegar puntuales cuando despiertan, pues ahí nos vamos. Los llevamos a sitios en los que nosotros podemos entrar y estar con ellos jugando. Y si no, pues jugamos en casa. Todo el resto de las cosas (la compra, la limpieza, lavadoras, plancha, etc) lo vamos haciendo como podemos y casi de milagro. Tenemos menos dinero, porque los dos optamos por reducir nuestros horarios laborales para poder atenderlos como creemos que se merecen. Parece que eso también cuesta entenderlo en esta sociedad consumista. Esta es la mayor aventura que hemos emprendido en la vida y queremos disfrutarla a tope, y con cada sonrisa que nos regalan se para el mundo y nos volvemos más locos por ellos, si cabe. Así vivimos nosotros el día a día, a nuestro ritmo. Resulta agotador, pero tan gratificante. Muy susceptibles y más bien raritos? Tal vez, aunque supongo que eso depende del baremo de quien juzga. Porque eso es lo que no nos gusta, sentirnos juzgados. Las conversaciones que surgen sin intención de critiqueo, en las que cada uno explica lo que hace con la intención de compartir más que de imponer, esas sí nos gustan y nos parecen enriquecedoras. No es lo q se dice o pregunta, sino el tono. Seguro que tú que estás leyendo entiendes lo que quiero decir porque supongo que a todos nos han surgido en alguna ocasión situaciones en las que hemos percibido un ambiente con tirantez, donde la comunicacion no fluye de forma constructiva. Pero eso sí, nos libramos mucho de decirle a los demás lo que tienen que hacer. En temas de crianza ni en ningún otro. Procuramos respetar las formas de hacer las cosas de los demás, aunque no voy a negar que nos crispamos un poco cuando vemos que no se tienen en cuenta las necesidades de otros peques, comentarios del tipo "pues yo cuando estoy de vacaciones lo llevó igual a la guardería que en casa no hay quien lo aguante, no me deja hacer nada" Si tanto molestan, mejor no haberlos tenido. Habría que escucharlos a ellos, porque no nacen hablando, pero a poco que estemos atentos se les entiende perfectamente lo que quieren. De lo del cachete a tiempo ya prefiero ni opinar. No pretendemos convencer a nadie de nada, no creemos que nuestra forma de hacer las cosas sea mejor ni peor que las demás. Simplemente es lo que nosotros hacemos, y tan sólo pensar en tener que cambiar algo de lo que creemos (papá y mamá) que es mejor para nosotros (para los cuatro) se nos encoje el corazón. No sé si estas letras podrán servir de ayuda a nadie, que en principio era la idea de quien me invitó a escribirlas. Si de casualidad algún lector se siente identificado o reflejado, ya habrá valido la pena porque al menos yo ya me sentiré menos marciana. Y si alguien se siente ofendido pido disculpas de antemano porque no era ese el fin de este relato.

 

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